Cómo pintar un retrato con la ayuda de una cuadrícula

Pintar retrato con cuadrícula

El retrato es un tema clásico y recurrente de la pintura que han practicado los más importantes artistas a lo largo de la historia (recordemos a Velázquez o a Goya). Para muchos de esos pintores supuso incluso una forma de ganarse la vida, convirtiéndose en retratistas muy solicitados de su época.

Pintar un retrato no es un trabajo sencillo, ya que en él se combinan técnicas diversas como el dibujo, el color, el modelado, los matices, el parecido… que hay que dominar con maestría. No obstante, probar a hacer un retrato no hace daño a nadie, por eso animamos desde aquí a ponerse manos a la obra y sorprender a un familiar, a la pareja o a un amigo realizándoles uno de ellos mismos o, por qué no, de su entrañable mascota.

Para ello vamos a proponer seguir un recurso muy utilizado que es pintar un retrato a partir de una fotografía, con la ayuda de una cuadrícula y de unos lápices de colores. Probablemente ya conozcas este sistema y hasta lo hayas empleado alguna vez, pero tendrás la oportunidad de descubrir nuevos detalles que quizá no conocías. Y si no lo habías utilizado, entonces verás como es un método muy práctico con el que podrás realizar fantásticos retratos.

Este sistema no se trata de un truco de aficionado, ya que a él han recurrido los artistas de todas las épocas desde que Leonardo Da Vinci en el siglo xv lo difundiera a través de una serie de anotaciones que dos siglos después aparecerían publicadas con el título de Tratado de la pintura. En sus notas, Da Vinci escribía: “Cuadricula ligeramente el papel donde hayas de dibujar. Ten presentes los puntos de encuentro de los miembros de tu modelo con arreglo a los que te hayan enseñado las líneas de la retícula…”. Pues vamos a ello.

Primer paso: elegir la fotografía

Este paso debería ser fácil, pero a quién no le pasa hoy en día que tenemos guardadas tantas y tantas fotos en el ordenador que, cuando necesitas una, cuesta encontrarla o localizas tal cantidad que no sabes cuál elegir.

Ten en cuenta que la fotografía que elijas debe cumplir con una serie de requisitos como los siguientes para facilitar la copia:

  • El tamaño debe ser suficiente, desde luego mayor que el de la clásica foto de carné, para poder calcular las dimensiones y proporciones y, de paso, no dejarnos la vista.
  • Debe estar enfocada y tener definición para que los detalles se aprecien con claridad.
  • Mejor si la iluminación es equilibrada y no muestra gran contraste.
  • Fíjate que el/la modelo se muestren expresivos para que el retrato tenga más gracia.

Segundo paso: dibujar la cuadrícula

Para cuadricular necesitaremos una regla, una escuadra y un lápiz. Luego dibujaremos sobre la fotografía una serie de cuadros a igual distancia, que después reproduciremos ampliados o reducidos sobre el papel. Es importante realizar este paso con gran precisión porque si no corremos el riesgo de que la figura nos salga deforme.

Tercer paso: calcar la imagen

Hay quien se salta este paso y prefiere copiar el dibujo directamente sobre el papel definitivo, pero nosotros somos más partidarios de seguirlo porque a la larga resulta más limpio y seguro.

Para calcar la imagen, primero se prepara la cuadrícula sobre un papel trasparente (vegetal) y luego se dibuja la figura. A continuación, esta se calca en el papel de dibujo definitivo, para lo que es preciso darle la vuelta al papel vegetal y repasar la imagen con un lápiz blando para luego traspasarla al papel y repasarla suavemente con un lápiz normal. Parece un trabajo innecesario, pero los resultados son mucho mejores.

Lápices de colores

Cuarto paso: colorear

Ahora que tenemos el dibujo en negro, cogeremos los lápices de colores y seguiremos estas tres fases:

  • Tono general: empezaremos por la piel y para conseguir el color carne utilizaremos los lápices de colores siena, púrpura, rojo, amarillo, verdes y azules y los aplicaremos suavemente.
  • Fase intermedia: seguiremos por el cabello y trataremos de iluminación. Posteriormente intensificaremos los tonos y si es preciso dejaremos las zonas de plena luz completamente blancas.
  • Acabado: concretaremos los pequeños detalles como el brillo de los ojos, los orificios de la nariz, la comisura de los labios, particularidades como un lunar, una cicatriz… Atentos en esta última fase, ya que es la más decisiva para conseguir un parecido real. Continuamente miramos la foto y el dibujo para definir el retrato. Cuantos más lápices de colores tengamos cerca, mayor realismo conseguiremos.

¿Te animas a retratar a alguien? Claro que sí, verás como te lo agradece el protagonista de tu dibujo y, si quieres, coméntanos la experiencia.

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